La artrosis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones frecuente en las personas mayores. Se caracteriza por el deterioro progresivo del cartílago, cambios en los huesos y una disminución de la capacidad de amortiguación de las articulaciones.
La Sociedad Española de Reumatología (SER) estima que la artrosis afecta al 33,7 % de la población adulta en España, lo que la convierte en la tercera causa de incapacidad laboral en nuestro país.
Las articulaciones más afectadas suelen ser las rodillas, las caderas, las manos y la columna vertebral. En este artículo analizaremos el impacto de la artrosis de rodilla y cadera y cómo minimizar sus efectos sobre la calidad de vida de las personas mayores.
Entre los principales factores de riesgo para desarrollar artrosis se encuentran el envejecimiento, el sexo femenino —con una prevalencia tres veces superior a la de los hombres—, la obesidad, las lesiones articulares previas, la predisposición genética, el sedentarismo, la práctica de actividades físicas con movimientos repetitivos de carga y la pérdida de masa muscular, entre otros.

Los síntomas más frecuentes asociados a esta patología son la rigidez tras un periodo de reposo, la pérdida de movilidad, el dolor localizado en la rodilla o la cadera, la dificultad para subir escaleras, caminar o levantarse de una silla.
La artrosis tiene un impacto significativo en la calidad de vida y el bienestar de las personas mayores. La pérdida de independencia para realizar actividades cotidianas, la limitación funcional, el dolor, el desánimo para mantener una vida social, el aumento del riesgo de caídas y la afectación del estado de ánimo son algunas de sus principales consecuencias.
A la hora de afrontar la artrosis, tanto de rodilla como de cadera, es fundamental contar con la valoración de un profesional que oriente y asesore a la persona mayor, así como a sus familiares y cuidadores, sobre el tratamiento más adecuado. Habitualmente, este combinará medidas farmacológicas y no farmacológicas.
Dentro de estas últimas, los Centros de Día desempeñan una importante labor preventiva y terapéutica. Gracias al trabajo coordinado de profesionales especializados en distintas disciplinas, se diseña para cada usuario un plan de intervención personalizado cuyo objetivo es aliviar el dolor, conservar la movilidad, fortalecer la musculatura, mejorar la flexibilidad y el equilibrio, mantener la autonomía y favorecer una mejor calidad de vida. En este proceso intervienen especialidades como la fisioterapia, la terapia ocupacional y la neuropsicología.
El plan de intervención puede incluir ejercicios como los siguientes:
- Ejercicios de fortalecimiento muscular para reducir la carga sobre la rodilla y la cadera, como la elevación de la pierna estirada, la extensión de la rodilla en sedestación, levantarse y sentarse de una silla sin utilizar las manos o subir y bajar escaleras.
- Ejercicios de equilibrio, como flexionar y extender lentamente la rodilla de pie, mantenerse de pie con apoyo en una silla o sostener el equilibrio durante unos segundos sobre una sola pierna.
- Ejercicios de movilidad de cadera, doblándola y estirándola sin llegar al umbral del dolor.
- Movimientos circulares de cadera, elevaciones laterales de la pierna, extensiones hacia atrás o elevación de talones para mejorar la estabilidad.
- Ejercicio aeróbico de bajo impacto, como caminar, montar en bicicleta o nadar.
- Estiramientos de cuádriceps, gemelos y glúteos para disminuir la rigidez y conservar la flexibilidad.
Fuentes Consultadas:
https://www.segg.es/media/descargas/Dolor%20por%20artrosis%20en%20las%20personas%20mayores.pdf