Tras un ictus, la persona mayor puede experimentar secuelas físicas y ver cómo sus capacidades cognitivas se han visto afectadas. El daño cerebral ocasionado por la interrupción del flujo sanguíneo en el cerebro puede derivar en problemas de memoria, atención, razonamiento y otras funciones cognitivas.
En este sentido, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) sostiene que el deterioro cognitivo vascular se define como “la pérdida de funciones intelectuales causada por lesiones cerebrales isquémicas o hemorrágicas”, que puede aparecer de manera inmediata tras un ictus o de forma progresiva con el paso del tiempo.
El deterioro cognitivo vascular supone alrededor del 20% de las demencias, y el 50% de las personas que han superado un ictus presentan algún grado de discapacidad, según esta misma institución.
De hecho, la SEGG asegura que tras sufrir un ictus aumentan las posibilidades de desarrollar deterioro cognitivo o demencia porque “las alteraciones vasculares pueden favorecer la acumulación de la proteína beta amiloide asociada con la enfermedad de Alzheimer”.
El ictus puede acelerar o provocar el deterioro cognitivo porque produce daño en áreas cerebrales responsables de la memoria y las funciones ejecutivas, así como por la acumulación de lesiones vasculares como microinfartos o daños en pequeños vasos sanguíneos.

Entre los principales problemas cognitivos derivados de un ictus se encuentran:
- Problemas de memoria.
- Problemas de atención, planificación y organización.
- Dificultad para resolver situaciones complejas o problemas del día a día.
- Dificultad para realizar varias tareas a la vez.
- Pérdida de la orientación.
- Lentitud a la hora de interpretar y responder a la información.
- Problemas para reconocer objetos propios o comunes.
Sin duda, estas alteraciones suponen una pérdida de autonomía, independencia, calidad de vida y autoestima en la persona mayor. Sin embargo, se pueden incorporar hábitos de vida saludables que minimicen el impacto sobre sus capacidades cognitivas y funcionales.
Para ello, es recomendable que la persona mayor, orientada por profesionales de distintas disciplinas en torno a la tercera edad y supervisada desde los Centros de Día:
- Acuda a talleres y actividades que fortalezcan su memoria, fomenten la atención y la concentración, y le ayuden a desarrollar agilidad ante tareas y problemas cotidianos, así como a mejorar sus capacidades de planificación y organización.
- Sea consciente de la importancia de mantener un control y seguimiento de la presión arterial, el colesterol y la diabetes, además de seguir una dieta saludable y evitar el sedentarismo.
- Realice ejercicio físico moderado todos los días durante al menos 30 minutos para activar el sistema circulatorio, estimular la actividad cerebral y mejorar tanto las capacidades cognitivas como el estado emocional.
El deterioro cognitivo tras un ictus no es una consecuencia inevitable. La rehabilitación del ictus y el seguimiento de los profesionales implicados en la atención de las personas mayores favorecen la preservación de la función cerebral y reducen el riesgo de desarrollar demencia.
Fuentes Consultadas:
https://www.safestroke.eu/wp-content/uploads/2019/05/sap-spanish-s.pdf
https://www.sen.es/saladeprensa/pdf/Link174.pdf
https://www.revespcardiol.org/es-ictus-diagnostico-y-tratamiento-de-las-e-articulo-13108281