Según la OMS se entiende por fragilidad en personas mayores aquél “deterioro progresivo relacionado con la edad de los sistemas fisiológicos” que contribuye a una mayor vulnerabilidad “a los factores adversos de estrés y aumenta el riesgo de una serie de resultados sanitarios adversos”.
La fragilidad reduce la capacidad de adaptación del cuerpo de las personas mayores siendo más sensibles al desarrollo de enfermedades y problemas de salud.
Sin embargo, no es un proceso ligado al envejecimiento y se puede revertir si se detecta precozmente en estadios tempranos. Es decir, el hecho de ser una persona mayor no implica un diagnóstico de fragilidad. Está estrechamente ligado al estado individual de cada persona mayor cuyos cambios físicos y funcionales le hacen más susceptible a enfermedades, lesiones y deterioro de su calidad de vida.
Existen diferentes tipos de fragilidad en la persona mayor: la física (baja resistencia muscular, fuerza y función física), mental (dificultad de atención, lógica, retención, etc.) y de alimentación si no se sigue una dieta y rutina adecuada.
¿QUÉ SÍNTOMAS ESTÁN VINCULADOS CON LA FRAGILIDAD?
- Pérdida de fuerza muscular que puede derivar en una vulnerabilidad de las extremidades de las personas mayores, en su movilidad y capacidad funcional.
- Pérdida involuntaria de peso.
- Fatiga y agotamiento con mayor facilidad.
- Recurrencia en las lesiones o caídas que pueden derivar en fracturas.

¿CÓMO PREVENIR LA FRAGILIDAD?
- Realización de ejercicio físico de intensidad baja-moderada con una constancia de 3 veces por semana y con una duración de 30-45 minutos. En la tabla de ejercicios, a desarrollar en el hogar de la persona mayor bajo supervisión o en Centros de Día como STIMA, se contemplará una rutina de fuerza muscular, equilibrio, flexibilidad, movilidad o resistencia aeróbica.
- Alimentación saludable: la dieta debe de componerse de cuatro comidas: desayuno, comida, merienda y cena pudiendo incluir un sobredesayuno. Debe de constituirse de alimentos que faciliten su masticación y digestión, siendo fundamental la garantía de una dieta que cuide la hidratación. Tiene que ser una dieta completa y equilibrada sustentada en carnes magras (pollo, pavo o conejo), pescado blanco y azul, legumbres, verduras, cereales, frutas y lácteos (leche, yogur o queso).
- Bienestar emocional: la soledad es una de las principales consecuencias derivadas del proceso de envejecimiento y del aumento de la esperanza de vida. Tiene un impacto en el estado de ánimo, autoestima y capacidad de expresión y socialización de la persona mayor. Por este motivo es importante fomentar en la persona mayor el interés de asistir a actividades grupales, de compartir hobbies con otras personas de su entorno o algo tan simple como salir a la calle.
- Velar por un entorno seguro: en el hogar es importante asegurarse de que no existen obstáculos que pongan en peligro la movilidad de la persona mayor y que los elementos están dispuestos de manera accesible.
- Cuidar la calidad del sueño estableciendo una rutina para dormir y disfrutar de un sueño reparador.
- Revisión del profesional sanitario a la medicación prescrita e impacto en la salud de la persona mayor.
¿Quieres conocer más acerca de la fragilidad y cómo prevenirla? ¡Ven a conocernos a nuestros Centros de Día! Nos encantará resolver las dudas que tengas y de orientarte sobre nuestros talleres.
Fuentes consultadas: