La hidratación adecuada es uno de los pilares fundamentales para el mantenimiento de la salud en las personas mayores. Los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento, la disminución de la sensación de sed y la presencia de enfermedades crónicas incrementan el riesgo de deshidratación. Comprender su importancia y conocer las estrategias para favorecerla resulta esencial tanto para profesionales de los Centros de Día como para cuidadores y familiares.
La hidratación en personas mayores es fundamental para mantener el equilibrio hídrico y para que su organismo funcione con total normalidad a la hora de:
- Regular la temperatura corporal.
- Transportar nutrientes y oxígeno a las células y eliminar desechos, lo que ayuda al buen funcionamiento de órganos como los riñones y el corazón.
- Mantener la función cognitiva porque una ligera deshidratación puede afectar la atención, la memoria y la claridad mental.
- Prevenir problemas digestivos, como el estreñimiento.
Para evitar llegar a dicha situación se recomienda la ingesta de 1,6 litros / día para mujeres y 2 litros / día para hombres (incluyendo líquidos de bebidas y alimentos) para compensar las pérdidas diarias.
Dichas necesidades pueden ser diferentes en términos generales en función de: la dieta,la actividad física, las condiciones ambientales o el estado de salud individual.
Cómo mejorar la hidratación en personas mayores:
La estrategia que pueden seguir los Centros de Día para fomentar la hidratación entre sus usuarios se compone de las siguientes vías de actuación:
- Valorar la opción de agua con gas en algunos casos.
- Ofrecer agua y agua con sabor, infusiones y bebidas calientes, jugos y zumos naturales, sopas y caldos que aportan agua o batidos de frutas.
- Recomendar una dieta que incluya alimentos ricos en agua dentro de la dieta (frutas, sopas, etc.)

Características del agua para personas mayores:
- Debe de ser sin gas para evitar flatulencias.
- No debe de ser excesivamente rica en minerales para evitar la hipertensión o la insuficiencia cardíaca.
- La hidratación no es exclusiva de la ingesta de agua, se puede también utilizar leche, zumos, infusiones, caldos, etc.
- Se recomienda beber agua mineral con alto contenido en calcio para evitar el desgaste óseo.
Qué efectos puede tener la deshidratación en mayores:
La falta de una hidratación adecuada no solo provoca síntomas comunes como sequedad de piel o fatiga, sino que puede desencadenar complicaciones serias en personas mayores:
- Infecciones del tracto urinario y cálculos renales.
- Desequilibrio electrolítico, que puede causar confusión, desorientación o caídas.
- Mayor riesgo de caídas y fracturas debido a la debilidad muscular y mareos.
- Problemas cardiovasculares, especialmente al ponerse de pie (hipotensión ortostática).
- Golpe de calor y complicaciones renales, particularmente en ambientes cálidos o durante enfermedades.
- Disminución de la atención y concentración.
- Mayor confusión o desorientación.
- Posible aceleración del deterioro cognitivo en personas con demencia o Alzheimer.
En definitiva, una correcta hidratación es una medida realmente sencilla y de gran impacto en la salud y la calidad de vida de las personas mayores. Incorporar hábitos diarios que faciliten la ingesta de líquidos, adaptar las bebidas a sus preferencias y necesidades, y mantener una supervisión adecuada puede prevenir numerosas complicaciones físicas y cognitivas.
Desde los Centros de Día, así como desde el entorno familiar y profesional, promover una hidratación adecuada no solo contribuye al bienestar inmediato, sino que también favorece un envejecimiento más activo, seguro y saludable.
Fuentes Consultadas: