La hipertensión y la diabetes son las enfermedades crónicas más comunes en las personas mayores, afectando a su calidad de vida y suponiendo un riesgo en el padecimiento de enfermedades cardiovasculares (ictus, infarto), daño renal, pérdida de visión o deterioro funcional.
La Sociedad Española de Hipertensión establece que un 60% de las personas mayores de 65 años es diagnosticada con hipertensión. Asimismo, la Sociedad Española de Endocrinología (SEN) estipula que el 40% de los diabéticos tienen más de 65 años, lo que representa a unos 2,12 millones de personas en este grupo.
En línea con este último apunte, la SEN ofrece más detalles y aclara que la gran mayoría de personas mayores padecen diabetes de tipo 2.
A la hora de abordar un plan de cuidados, como el que definimos en nuestros Centros de Día, es fundamental tener en cuenta que el principal objetivo con personas mayores hipertensas y diabéticas es prevenir las complicaciones mediante el seguimiento de la patología crónica, analizando y mejorando el estilo de vida, fomentando la adherencia al tratamiento farmacológico y por tanto contribuyendo a su bienestar en el día a día.

En el desarrollo de dicho plan se tienen en cuenta tres palancas estratégicas principales:
Seguimiento por parte de enfermería: es fundamental que la persona mayor se someta a controles periódicos de la tensión arterial y los niveles de azúcar aunque se haga un seguimiento rutinario en el hogar. De esta manera, se pueden evitar complicaciones a futuro con una mayor previsión y planificación, contando con la prescripción médica adecuada a cada caso.
Respecto al seguimiento de la diabetes, hay cuatro “parámetros” que es importante controlar: el estado del corazón, la función renal, el estado de la visión y la salud de los pies, ya que son los más afectado por dicha patología.
Además, y no por ello menos importante, muchas personas mayores tienen prescritos diferentes medicamentos donde hay que analizar si están teniendo efectos negativos en bienestar, por ejemplo: posibles olvidos, mareos, caídas, pérdida de apetito, etc.
Alimentación: seguir una dieta equilibrada ayuda tanto a controlar el azúcar en sangre como a mantener estable la tensión arterial. Se recomienda reducir el consumo de sal, evitar los alimentos ultra procesados y moderar el azúcar añadido.
También es importante aumentar el consumo de verduras, frutas, legumbres y pescado. En las personas mayores conviene evitar dietas excesivamente restrictivas, ya que pueden provocar pérdida de masa muscular o desnutrición.
Ejercicio físico: como hemos abordado en artículos previos, no es necesario que la persona mayor realice ejercicios de gran intensidad, sino tener una actividad física diaria que lo mantenga en activo y a través de la cual pueda trabajar diferentes áreas funcionales y físicas.
Entre las actividades recomendadas están: caminar, bailar, nadar, montar en bicicleta, pilates, yoga o ejercicios de fuerza.
En definitiva, el control de la hipertensión y la diabetes en personas mayores depende de la incorporación y seguimiento de hábitos de vida saludables con las pertinentes revisiones médicas, y con la participación de una red familiar y de cuidadores consistente en todo el proceso. Si quieres conocer más acerca de cómo mejorar su calidad de vida, ¡puedes contactar con nuestros Centros de Día sin compromiso!
Fuentes Consultadas:
https://www.seen.es/documentos/verDocumento/manual-diabetes-personas-edad-avanzada
https://fundaciondelcorazon.com/prevencion/riesgo-cardiovascular/hipertension-tension-alta.html
https://fundaciondelcorazon.com/ejercicio/59-para-enfermos/980-diabetes-y-ejercicio.html