En España se registran en torno a más de 110.000 casos de ictus en nuestra sociedad, habiendo aumentado en los últimos quince años en un 40% la atención a personas con problemas cardiovasculares.
El 90% de los casos diagnosticados de ictus se podrían haber evitado con unos hábitos de vida saludables que diluyeran los factores de riesgo asociados con la enfermedad. En nuestro artículo “El ictus en la tercera edad y terapias de rehabilitación” explicamos que los principales factores de riesgo asociados con la enfermedad son: la hipertensión, la diabetes tipo 2, problemas cardiovasculares previos o el sedentarismo, entre otros.
Según la Sociedad Española de Neurología (SEN) “la mayoría de los pacientes sufre secuelas que en el 40% de los casos los inhabilitan para realizar las actividades cotidianas”. A ello se une, que uno de las principales preocupaciones en las personas mayores y en su círculo cercano es pensar en la posibilidad de que vuelva a producirse un segundo ictus.
En este sentido, tras el alta de una persona mayor que ha superado un ictus, se debe de poner en marcha una estrategia de acción que evite la recurrencia y contribuya a una prevención secundaria a través de la rehabilitación y la prescripción de un tratamiento farmacológico.
En línea con este último punto, es precisa la prescripción de fármacos como los antiagregantes plaquetarios y los anticoagulantes para evitar la reincidencia del ictus.

La Revista Española de Cardiología sostiene que el tratamiento de ictus contempla dos vías de actuación: “el tratamiento agudo y la prevención de la recurrencia”. Los principales puntos de actuación para la prevención de la recurrencia según la Estrategia en Ictus del Sistema Nacional de Salud. Actualización 2024, son:
- control de la hipertensión.
- control del colesterol y la diabetes.
- abandono del tabaco.realización de ejercicio e incorporación de hábitos saludables.seguimiento de una dieta saludable y equilibrada.tratamientos farmacológicos preventivos.
- mejora de la adherencia a los tratamientos.
Un factor de actuación clave es la rehabilitación mediante terapias y talleres que ayuden a la recuperación de las funciones cognitivas, funcionales y físicas de la persona mayor, que estén focalizadas e individualizadas, teniendo como puntos clave el entrenamiento de la marcha, el equilibrio, la recuperación de la capacidad de expresión y uso del lenguaje, rehabilitación del miembro superior o recuperación de la autonomía para realizar tareas propias del día a día.
Tras el padecimiento de un ictus es clave que la persona mayor se someta a un seguimiento médico contínuo que comprenda neurología, atención primaria y rehabilitación para reducir el riesgo de recurrencia.
En nuestros Centros de Día estamos especializados en la rehabilitación de un ictus en personas mayores a través de un plan personalizado que contempla la estimulación cognitiva, la rehabilitación de la marca, la fisioterapia, la logopedia, la neuropsicología o la estimulación sensorial, entre otras áreas.
Dicho plan contempla la asistencia a talleres grupales y a terapias individualizadas que se complementan con el objetivo de trabajar las necesidades y los objetivos principales de cada una de las personas mayores usuarias.
Si quieres conocer más acerca de cómo prevenir el padecimiento de un ictus y que te asesoremos sobre las vías de actuación, ¡puedes visitarnos o contactarnos sin ningún compromiso!
Fuentes Consultadas:
https://www.safestroke.eu/wp-content/uploads/2019/05/sap-spanish-s.pdf
https://www.sen.es/saladeprensa/pdf/Link174.pdf
https://www.revespcardiol.org/es-ictus-diagnostico-y-tratamiento-de-las-e-articulo-13108281